martes, 30 de octubre de 2007

El Auxiliar Docente

CAPÍTULO II:

Características de la Función del Auxiliar Docente

Según esta última definición “el Auxiliar Docente” posibilita –actuando como nexo- la interacción de los miembros de la comunidad educativa, permitiendo “encuentros educativos”, que son los siguientes:
*
PROFESOR<----------------------------->DIRECTOR 1
¡.................................................................................-.¡
¡<--------------AUXILIAR DOCENTE---------------->¡
¡....................................................................................¡
¡----------------AUXILIAR DOCENTE-----------------¡
ALUMNO 3<----------------------------->FAMILIA 4



1.- El Auxiliar Docente interactúa con el Profesor y se establece una estrecha relación, dado que estamos a su servicio para todo aquello que necesiten para el desarrollo normal de sus cátedras, como ser:

  • Informamos sobre asistencia e inasistencia de alumnos.


  • Preparamos y controlamos los libros de aula.


  • Entregamos los cursos en condiciones óptimas para el dictado de clase.


  • Entregamos el material didáctico solicitado por el profesor.


  • Solicitamos a los padres que se acerquen a conversar con el profesor cuando ellos lo solicitan y si advertimos algún problema, y por algún percance o falta de tiempo, y éstos no lo solicitan, nos acercamos a hablar con él o los alumnos y si la situación lo requiere lo citamos
    nosotros.

En esta asistencia continua y constante ante todo tipo de requerimientos ayudamos y complementamos la labor del profesor, en cuanto a la formación integral del alumno. Dado que nos ocupamos de enseñarle hábitos de respeto, responsabilidad, puntualidad, colaboración, cumplimiento del orden, etc.


2.- Auxiliar Docente con la Dirección, la asistencia y la comunicación ( fluido permanente de información, consultas, de sugerencias, de confidencias y resolución personificada de problemas).

Un ejemplo concreto del trabajo en conjunto, entre Director, Profesor y Auxiliar Docente podría ser el siguiente: se presenta una situación en la que en los alrededores del establecimiento se ha notado la presencia de personas extrañas y se presume que puedan ser vendedores de drogas.

Generalmente esta percepción la realiza aquel integrante de la Comunidad Educativa que cumple una función más activa y dinámica en la Institución.

Una vez advertido el director de esta situación, normalmente, las medidas a tomar son: reuniones conjuntas a fin de tomar los recaudos pertinentes.

A partir de ese momento el Auxiliar Docente comienza a investigar y/o alertar a sus alumnos. Muchos de nosotros, como la experiencia nos dicta, recurrimos para esta tarea a lo aprendido en numerosos cursos de prevención de la adicción a la droga.

Es muy posible que estas personas lleguen a eludir algunos controles, pero no podrán hacerlo con el Auxiliar Docente, porque será el primero en distinguir algún cambio de conducta de su alumno.

“Hasta aquí podemos afirmar que tanto el Director como los Profesores, en su conjunto, reciben la información real y concreta, de todos y cada uno de los alumnos, a través del Auxiliar Docente”.

3.- Auxiliares Docentes y Alumnos, es válido afirmar que somos quienes estamos íntimamente relacionados con los mismos, dado que pasamos frente a ellos la mayor cantidad de horas escolares que cualquier otro integrante de la institución y que además estamos a su disposición desde el mismo instante en que ingresan al establecimiento y hasta el último segundo en el que permanecen en él. Y no solo de lunes a viernes, sino también en los días de actos, fiestas, viajes, actividades extra escolares, etc.

Los alumnos llegan a confiar tanto en los Auxiliares Docentes que le hacen partícipe de sus vivencias, experiencias, problemas particulares, familiares, escolares, etc.

Cuando algún alumno necesita algo, sea lo que fuese, recurre a sus Auxiliares Docentes porque tiene la certeza de que no lo abandonará y lo protegerá y siempre estará cuando lo busque, amén de saber dónde encontrarlo en cada minuto del día escolar.

Además, en las horas libres, no están abandonados y dando vuelta por el establecimiento, o en ocasiones fuera de él, sin que nadie sepa dónde están o qué les está ocurriendo.


4.- La relación particular de los Auxiliares Docentes con sus alumnos, se extiende a los padres de los mismos, dado que ante cualquier inconveniente que se les presenta o información que necesitan, se dirigen en primer lugar y con toda confianza a nosotros

Esto es así, porque son plenamente conscientes de que somos quienes recepcionan todas las inquietudes de sus hijos, y que pueden contar con nosotros para darles solución a problemas que, a veces ellos no saben cómo enfrentar, porque en una gran cantidad de ocasiones, sus hijos hablan más con nosotros que con ellos, dado que en la mayoría de los casos y por razones de trabajo, no pueden estar tantas horas cerca de los chicos como en realidad quisieran, ni como las que nosotros estamos.

En síntesis:

Los Auxiliares Docentes: actuamos como puente de interacción con la Comunidad Educativa porque practicamos públicamente un oficio, con condición y actitud, utilizando una doctrina metódicamente formada y ordenada, basándonos en el conocimiento cierto de las cosas por sus principios y causas, enseñando así un conjunto de reglas o preceptos para conseguir que nuestros alumnos hagan bien las cosas. A fin de que al finalizar sus estudios se encuentren humanamente capacitados para enfrentar la realidad existente fuera de la escuela. Y esto mismo logra que los mencionados encuentros educativos se conviertan en realidad.

Y hay algo concreto que sabemos que nunca cambiará a pesar del cambio de autoridades directivas, la relación del Auxiliar Docente con el alumno. Inclusive si la división de un curso cambia de Auxiliar Docente, el nuevo va ha llegar a tener, una estrecha relación o casi similar, que el anterior. Porque el trabajo mismo del Auxiliar Docente con el alumno funciona siempre de la misma manera.

jueves, 25 de octubre de 2007

Comportamiento y la intervención del adulto



Las conductas y los comportamientos en los niños dependen de muchos factores que se interrelacionan constantemente y que a medida que las investigaciones sobre desarrollo avanzan nos ayudan a entender desde la teoría las diversas formas de actuar o comportarse de un niño o adolescente y eso nos permite dar orientaciones generales para que las familias o educadores puedan acercarse a esos comportamientos desde teorías explícitas (objetivas) y no implícitas (subjetivas) o lo que es lo mismo entender que el comportamiento depende también de la edad del niño y sus propias construcciones y no sólo de la educación externa.

Todos los comportamientos están mediatizados por una serie de variables multidimensionales, desde el contexto en el que ocurren las acciones hasta las personas que están implicadas en ese contexto y situación determinada pasando lógicamente por la biología y el desarrollo específico de una edad concreta. No es lo mismo tener una rabieta a los dos o tres años, que tenerla a los treinta, dicho de otra manera, es comprensible la de los dos años por etapa evolutiva y comprensible la de los treinta años si no es espectacular y agresiva, puesto que el adulto puede mostrar su enfado pero debe saber controlar sus emociones cuando no son satisfechas, a diferencia del niño que está aprendiendo y debemos enseñarle a controlarlas y expresar los enojos o enfados de forma asertiva, sin emplear ningún tipo de agresión y eso requiere tiempo, dedicación e información específica.
Comentemos brevemente qué sucede durante el primer año de vida, qué sucede con conductas evolutivas que terminan siendo molestas y a veces terminan produciendo rabietas, y las rabietas evolutivas pueden terminar en oposicionismo (negativismo) y terminar siendo un problema de conducta y comportamiento Primero recordemos también en pocas palabras el peso específico de la variable edad evolutiva ( neuro - evolutiva).

“El comportamiento de los niños en estas primeras etapas está más determinado por las características biológicas del niño que por el entorno, indudablemente un entorno determinado puede ayudar a que ciertas características del niño se disparen más o moderarlas, pero en las primeras etapas depende más del desarrollo individual y evolutivo que del propio entorno. Hay niños más tranquilos y niños más activos. Independientemente de las características individuales de los niños, existe el desarrollo evolutivo que es el que en principio va marcando la forma de comportarse. Durante el primer año de vida o antes de andar, el niño está descubriendo su propio cuerpo y el mundo exterior a través de los sentidos y construyéndolo.
Esto significa que durante el primera año de vida y principalmente a partir del segundo trimestre, el niño empieza a explorar los objetos llevándolos a la boca ya sean sus manos o bien alguno que tenga en su mano. Es adecuado chupar, por supuesto, es una conducta propia de la biología y que además le proporciona conocimiento. Es un buen comportamiento, lo extraño, lo sospechoso sería un niño que no se llevase los objetos a la boca.
Por lo tanto, llevarse los objetos a la boca es el comportamiento adecuado en estas etapas infantiles. Qué objetos se lleva a la boca es lo que debe controlar el adulto, no el niño. En nuestro caso que estamos trabajando con el niño, estamos en estimulación temprana, por lo tanto trabajando, lo importante es seleccionar aquellos objetos que pueden ser interesantes para lograr elaborar diversos esquemas de conocimientos a través de la boca, que es en este momento uno de los recursos evolutivo-natural del niño para conocer lo que le rodea y a sí mismo.


A partir del primer año de vida o cuando el niño ya anda o gatea y se desplaza por si mismo, el comportamiento evolutivo característico es tocar todo aquello que le interesa y tocarlo utilizando sus recursos, en estas edades las manos ya tienen un desarrollo bastante adecuado para movilizar, toscamente pero movilizar , todos sus dedos, especialmente el índice. Esto es lo que hace que el niño poco a poco vaya cogiendo todos los objetos que le gustan, si existen ranuras o agujeros intente explorarlos metiendo el índice en esos agujeros y finalmente se lleve a la boca aquello que le ha interesado.


Este comportamiento es el, llamémosle normal, de un niño de un año a dos años aproximadamente, lo que nos debe extrañar es un niño que a estas edades no toca nada o no lo intenta tocar. La función principal y obligatoria de los adultos, padres y educadores es enseñar poco a poco qué se puede y qué no se puede chupar, tocar, tirar etc. etc. El comportamiento de un niño debe ser querer hacerlo, el del adulto evitar que lo haga si no debe hacerlo. Eso es realmente educar, es ayudarle a conocer que pautas rigen en su entorno que debe ir aceptando poco a poco.
Lo más característico y duro para los padres y para los educadores o técnicos en estimulación en estas edades es, como ya hemos comentado, la edad de las rabietas. Un niño al que no se le permite tocar lo que el quiere tocar, se enfadará y según el momento se producirá una rabieta, eso es lo normal, ese es el comportamiento de un niño, el del adulto manejar y guiar al niño hacia otro tipo de respuesta a medida que crece y puede tenerla.” (Desarrollo social, Vidal, M.).

Las prohibiciones que se inician a partir del año, se inician, puesto que irán en aumento a medida que el niño crezca: no toques esto, no chupes eso, no tires aquello…, el caramelo para después de comer etc., son verdaderos estímulos para desencadenar rabietas o pataletas. Pensemos por un momento qué es lo que ocurre cuando un niño pequeño quiere hacer, comer o tocar algo y no le dejamos, pues se enfada y utiliza los recursos que conoce o mejor dicho, utiliza los únicos recursos que tiene al año y medio o dos años, gritar, dar golpes, tirarse al suelo… como forma de protesta. Es adecuado ese comportamiento: sí, para su edad sí, a los cuatro años, no. Dicho esto, lo que tenemos que pensar es que esa conducta es normal, y tener paciencia, además de seguir evitando que consiga aquello que no queremos que consiga, ceder a lo que el niño quiere es enseñar a tener rabietas.


El niño debe tener enfados y demostrarlos, eso es lo evolutivo, lo patológico sería lo contrario, un niño que no se enfada a los dos años, que no muestra su disgusto es un niño al que le sucede emocionalmente y cognitivamente algo.

Lo importante es entender que el comportamiento durante los tres primeros años de vida muestra conductas que nosotros consideramos inadecuadas, que no deben aprender y lo que debemos hacer es enseñarles poco a poco a expresar esas conductas negativas de forma pacífica, lleva su tiempo y mucha paciencia. Lo que no debemos es provocar sin querer una rabieta “no te voy a dar el caramelo pues ahora vas a comer” y cuando el niño se enfada entonces darle el caramelo, eso sí sería acostumbrarle o enseñarle a protestar para conseguir lo que quiere.

Las orientaciones generales para menores de tres años, decimos generales porque son las que ofrecemos cuando no conocemos al niño en concreto, que ayudan a tener menos rabietas son:

- Evitar situaciones que ya sabemos que producen rabietas. Por ejemplo si el niño tiene dos años y le gusta comer galletas y no es la hora de comer galletas pues no se las nombre ni se las enseñe, porque la conducta lógica del niño será pedir galletas, de nada suele servir decir “después te las doy”, si no podemos dárselas no las nombramos o no pasamos por un escaparate lleno de galletas y le decimos “mira cuantas pero no las puedes comer”. Se trata de evitar situaciones que ya conocemos y podemos evitar.
- Cuando no las podemos evitar pues ser contundentes, no dañar al niño, y con paciencia esperar a que se le pase el enfado. Por ejemplo si vamos por la calle y el niño va a comer, tiene hambre, y en ese momento pasa otro niño comiendo galletas o lo que sea, lo más probable es que quiera y si ya tiene un poco de lenguaje que las pida hablando. Si se las vamos a dar, pues no pasará nada, si no se le vamos a dar galletas entrará en rabieta. No podemos hacer nada, más que esperar a que se pase siempre vigilando y evitando que en el ataque de furia el niño se haga daño. A medida que van creciendo irán expresando sus enfados de otra manera si no les hemos consentido que lo expresen gritando.

Estas son algunas de las orientaciones generales que ofrecemos generalmente a los padres o tutores de los menores, ya que el comportamiento del niño y del adulto están interrelacionados, esto significa que el comportamiento se produce en contextos determinados y con personas determinadas, controlar las respuestas inadecuadas que sin querer podemos dar al niño es lo que puede ayudar a controlar la etapa de las rabietas infantiles.


martes, 16 de octubre de 2007

El Auxiliar Docente

CAPÍTULO I:

Fundamentos

1- Concepto de Auxiliar Docente

En nuestro sistema educativo del nivel medio como en el terciario está inserto el cargo de Auxiliar Docente que cumple un rol tanto pedagógico (tutoría) como una tarea administrativa.

Su función es la de contener a los alumnos, cuidar la disciplina, mantener el orden, preservar las buenas costumbres, intervenir en la relación social con la comunidad educativa, cumplir explícitamente una función de asistencia social, y la de psicopedagogía, asistir permanentemente a los profesores, etc., además de atestiguar la presencia y el rendimiento del alumno mediante el trabajo administrativo al llevar toda la documentación del mismo.

Entonces estoy en condición de decir que: “El Auxiliar Docente complementa la tarea del Profesor, puesto que mientras que éste instruye, él se encarga de realizar toda la parte humanizadora y administrativa”.

De aquí surge el punto 2.

2- Definición de Auxiliar Docente

De esta manera puedo afirmar que: “El Auxiliar Docente es la persona que complementa la labor del Profesor, buscando afirmar los valores morales, la autoestima y la solidaridad de sus alumnos, logrando de esta manera la educación integral del educando”.

Digo:

  • Que complementa la labor del Profesor pues toma participación en todas las tareas tanto de carácter administrativo como pedagógico tutorial frente a los alumnos.

  • Que afirma los valores morales dado que se ocupa de evaluar constantemente las acciones (bondad, malicia, cambio de personalidad, etc.)

  • Que afirma la autoestima en tanto que alienta a sus alumnos para que posean mayor seguridad y aprendan a valorarse y a tomar determinaciones propias sin que nadie los maneje.

  • Que afirma la solidaridad porque instruye en lo referente a la sensibilidad con sus semejantes, conforme que ello ayuda a saber organizarse y a compartir. Porque sabemos que si uno siembra amor; en cuanto necesite, recibirá amor.

  • Que logra la educación integral del educando porque mediante sus procedimientos complementa los contenidos conceptuales y actitudinales.


Analizando lo anterior puedo llegar a la siguiente definición:

El Auxiliar Docente es la persona que facilita la interacción del sujeto con el medio para el logro de saberes socialmente reconocidos (conceptuales – procedimentales– actitudinales).

El Auxiliar Docente

Preceptor o Celador

Introducción

En el presente escrito aspiro a ofrecer una visión de la verdadera importancia del Auxiliar Docente (Preceptor), un actor de la educación "que sufrió en estas últimas décadas un desprestigio agobiante y desjerarquización" al máximo, tanto que hoy día observa como un espectador cómo su rol es cubierto por otras nuevas figuras (tutor, mediador, etc.) inspirados en las tareas propias de él.

Esto no es el trabajo de un erudito, sino más bien, de un profesional que se esfuerzo por exponer de la forma más clara y precisa, la descripción de una tarea que desarrolla dentro de la actividad administrativa y pedagógica tutorial, y que de hecho sirve de nexo entre todos los actores de la educación.

Por eso he fijado la exposición principal en las ideas que tienen valor actual, las que han sobrevivido al paso del tiempo y no han tenido trascendencia por pertenecer a una profesión a la cual no le han dado la importancia debida. Y que creo que analizando la misma podría contribuir a resolver muchos problemas de hoy.

Por eso el fundamento tiene un carácter pragmático, sin haber caído en el pecado del practicismo o el sectarismo. Por el contrario, he tratado de ajustarme a la estricta realidad con la mayor objetividad posible.

Pudiendo afirmar que la figura del Auxiliar Docente ocupa un lugar estratégico dentro del sistema educativo pues su presencia frente a los alumnos determina una modificación en la conducta, en el vínculo de entendimiento con sus pares y en la relación con los demás actores de la educación, contribuyendo así a la educación integral del mismo.

Por otro lado deseo que al leer esto, lo hagan con el sentimiento que traen los recuerdos de la escuela secundaria, ese momento sublime de nuestra vida, la adolescencia. Las picardías, la timidez, los conflictos internos, los amigos, las ropas, las barras, la música, los ídolos y todo aquello que influía en nosotros. Y la figura de “el Prece”.

Este “Prece” de gran valor humano; este trabajador de una profesión real enmarcado por deberes y derechos, pero sin un estudio serio y sistemático que posibilite hacer de esta tarea una ciencia donde se encuentren las herramientas necesarias para servir al contexto educativo con óptima eficiencia.

Puedo decir que esto se debe a que hasta el momento lo que se ha hecho es crear o insertar más figuras dentro del sistema educativo, hecho que hace que al final muchas veces ninguno termine cumpliendo el trabajo para el que fue preparado.

Además, siempre me he preguntado: ¿Porqué dan tantas vueltas para tratar de solucionar el problema de la deserción, el desgranamiento, la repitencia, los problemas de conducta, la asistencia social, la salubridad, la prevención, etc.? - Si la repuesta no es crear nuevos expertos ni técnicos. La solución está simplemente en trabajar con las personas que están 4 ½ horas con los alumnos, (Auxiliares Docentes), prepararlas en las ciencias necesarias para su actividad y darles una carrera profesional adecuada a la tarea que realiza.

Todos sabemos que en este momento histórico en que se avecina un nuevo milenio, se acentúa la tensión política, se ahonda la crisis económica e ideológica y no se ven salidas claras para nuestras vidas. Pero, donde los valores éticos y morales parecieran desaparecer, se enciende la luz de la educación, que como tal debe servir para encontrar una solución a los grandes problemas del momento y así proyectarnos un futuro con nuevos vientos de fe y esperanza.

Y como siempre y sin la menor duda los Auxiliares Docente seremos partícipes de ello.

Este ensayo lo dedico a todos aquellos que cumplen la tarea de Auxiliares Docente, Preceptores, Celadores y Bedeles, y sobre todo a aquellos que ya se han jubilado pues esto significa que han dejado parte de su vida en las aulas, los pasillos y oficinas de alguna institución educativa y han sido partícipes de la vida de varias generaciones de jóvenes.

Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura



Por Michèle Petit

página 10 de 10

Hasta aquí, algunas de las líneas principales de este libro. Pero sólo les he presentado un bosquejo en línea de puntos. A mi modo de ver, falta lo esencial: los relatos y las frases donde los lectores se dicen, que me parecieron sorprendentes por lo inteligentes y precisos, razón por la cual los he citado profusamente en el libro. Como conclusión les ofreceré un extracto de una entrevista con un joven llamado Ridha. Tiene veintidós años, sus padres dejaron Argelia para venir a trabajar a Francia, en los años sesenta, y no saben ni leer ni escribir. Vivieron siempre en el Este de Francia, en un barrio pobre, cortado del resto de la ciudad por un enorme cuartel. En ese barrio existe, como único equipamiento público, una pequeña biblioteca. Allí pasó Ridha una parte de su infancia. Escúchenlo:

"Cuando yo era chico, a veces el bibliotecario interrumpía su trabajo y les contaba cuentos a los chicos. A mí eso me llegó mucho; siempre me quedó la sensación, la emoción que sentí en aquel momento. Es algo como un encuentro. No me dijeron que hiciera esto o aquello... Pero me mostraron algo, me hicieron entrar en un mundo. Me abrieron una puerta, una posibilidad, una alternativa entre miles, quizás, una manera de ver que no necesariamente habrá que seguir, que no será necesariamente la mía, pero que va a cambiar porque a lo mejor habrá otras puertas. (...) La biblioteca ideal, es una biblioteca que hace soñar a los chicos. Y que no les impone ideas, o imágenes, o historias, sino que les muestra posibilidades y alternativas. Esas cosas tienen un vínculo profundo con su vida de adulto, más tarde. Simplemente leer historias, mostrar que se puede soñar, y que hay salidas, y que no todo está establecido. Que uno inventa su vida, que uno puede inventar su vida. Y quizás que para inventar su vida deba tener antes materia prima; es preciso haber soñado para poder crear".

Muchas gracias.

Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura

Por Michèle

Petit página 9 de 10

Abro un paréntesis para señalar que yo digo "el mediador", pero tengamos en cuenta que esos pasadores de libros son en muchos casos mujeres, a tal punto que algunos se han preguntado si el futuro de los libros pasaba por el futuro de las mujeres. En muchos lugares del mundo, las mujeres han desempeñado un rol preponderante como agentes de desarollo cultural, junto con algunos hombres que quizás han integrado, que han acceptado su parte feminina, sin temor de perder por ello su identidad. Por lo tanto, yo alentaría fervientemente a los que quieran promover la lectura para luchar contra la misoginia : ya que allí donde las mujeres son mantenidas al margen de la escolarización, al margen de la vida social, lo escrito no circula con fluidez. Dicho de una manera más amplia, la lectura no es fácilmente conciliable con el gregarismo viril ni con las formas de vínculo social en las que el grupo tiene siempre primacia sobre el individuo.

Cierro la paréntesis, para resumir en pocas frases cual es el margen de maniobra de esos y esas pasadores del libro. Lo que pueden hacer los pasadores de libros es introducir a los niños -y a los adultos- a una mayor familiaridad y a una mayor soltura en la aproximación a los textos escritos. Es transmitir sus pasiones, sus curiosidades, interrogando su lugar, su oficio y su propia relación con los libros, sin desconocer sus miedos. Es ayudar a los niños y a los adolescentes a comprender que entre todas esas obras, de hoy o de ayer, de aquí o de allá, habrá seguramente algunas que sabrán hablarles a ellos, en particular. Es proponer a los lectores múltiples ocasiones de encuentros, de hallazgos. Es también crear espacios de libertad donde los lectores podrán trazar caminos recónditos y donde habrá disponibilidad para discutir con ellos acerca de esas lecturas, si así lo desean, sin que se produzcan intrusiones si esos lectores quieren conservar sus descubrimientos para ellos.

Sin embargo debemos tener en claro que sólo se trata de factores propicios para el desarrollo de la lectura, y que ninguna receta podrá garantizarnos la conversión de las personas a la lectura. Por otra parte, es muy probable que no todos puedan transformarse en lectores. La relación con la lectura también tiene que ver con la estructura psíquica y con cierta manera de actuar con la falta y con la pérdida. Sin duda la lectura, y en particular la lectura literaria, tienen que ver con la experiencia de la falta y de la pérdida. Cuando uno pretende negar la pérdida, evita la literatura. O trata de dominarla.

Y queda claro que para transmitir el gusto por la lectura y en particular por la lectura literaria, es preciso haberlo experimentado. Muy a menudo se considera que es algo natural en círculos próximos a los libros. No obstante, puedo asegurar que entre los bibliotecarios profesionales o voluntarios, entre los docentes y los investigadores, en el mundo editorial, hay mucha gente que no lee, o bien se limita a un marco profesional acotado o a un género muy definido de obras. Y por lo tanto la cuestión se remite inevitablemente a los mediadores.

Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura

Por Michèle

Petit página 8 de 10

Esto supone también conocer a nuestros propios miedos, nuestra propia relación con los libros. Y quizás supone interrogarnos sobre las formas sutíles de esos miedos hoy día. Interrogarnos por ejemplo sobre los efectos complejos, ambivalentes, de esos discursos alarmistas y convencionales de elogio de la lectura. Ya sea que provengan de los poderes públicos, de los docentes, de los padres o de los editores, pueden ser percibidos por los adolescentes como otras tantas exhortaciones, como testimonios de una voluntad de control, de dominio. "Debes amar la lectura". Dicho de otro modo: "debes desear lo que es obligatorio". Esos discursos dejan poco espacio para el deseo y a menudo están cargados de angustias, y el niño o el adolescente lo saben. En las generaciones anteriores el deseo de leer se abría paso cuando se leía bajo las sábanas, con una linterna, a escondidas y contra todo el mundo. Hoy en día, en Francia por lo menos, existe la impresión de que el gusto de leer debe abrirse camino entre lo "prohibido" y lo "obligatorio".

¿Cómo hace alguien para convertirse en lector o en lectora, a pesar de tantos obstáculos? En buena medida, y eso lo sabemos, es una cuestión de medio social. Cuando alguien proviene de un ambiente pobre, aun si ha sido escolarizado, los obstáculos pueden ser numerosos : pocos libros en la casa, o ninguno, la idea de que eso no le corresponde, la preferencia por actividades asociadas antes que por esos "placeres egoístas", las dudas con respecto a la "utilidad" de la lectura, un acceso dificultuoso a la lengua narrativa, todo eso puede sumarse para disuadir de leer. Y si es el caso de un muchacho, hay que agregar a los amigos, que ridiculizan a quien se dedica a esa actividad "afeminada" y "burguesa" que ellos asocian a las tareas escolares.

Pero los determinismos sociales no son absolutos, y la lectura también es una historia de familias. Existen, en ambientes populares, familias en las que el gusto por la lectura se transmite de una generación a otra. E inversamente, en niveles socioeconómicos altos, existen familias en las que la lectura no tiene buena prensa. Para que un niño se convierta más adelante en un lector, sabemos cuán importante es la familiaridad física precoz con los libros, la posibilidad de manipularlos, para que esos objetos no lleguen a estar investidos de poder y provoquen temor. Sabemos también cuán importantes son los intercambios en torno a esos libros, y en particular las lecturas en voz alta, en donde los gestos de ternura y los colores de la voz se mezclan con las palabras de la lengua de la narración: en Francia, aquellos a quienes su madre les ha contado una historia cada noche tienen el doble de posibilidades de converstirse en grandes lectores que quienes apenas pasaron por esa experiencia. La importancia de ver a los adultos leyendo con pasión también se manifiesta en los relatos de los lectores. Alguien puede dedicarse a la lectura porque ha visto a un pariente, a un adulto que le inspira afecto, sumergido en los libros, lejano, inaccesible, y la lectura apareció como un medio de acercarse a él y de apropiarse de las virtudes que le adjudica. De apropiarse de su autonomía envidiada.

Esa autonomía es lo que frecuentemente busca el lector joven. Y justamente por eso la lectura es un punto de apoyo decisivo para los niños y para los adolescentes que, desde muy temprano, han querido diferenciarse de sus pares. Porque también la lectura es una historia de rebeldes. Pero cuando alguien que no recibió nada al nacer pudo apoderarse de los libros, aparecen casi simpre en su historia ciertos encuentros, a veces fugaces, que han influido en el destino: un amigo, un docente, un bibliotecario, un animador social ha transmitido su pasión, y ha provisto los medios materiales que permiten apropiarse de esos bienes hasta enconces inaccesibles.

Allí adquiere todo su sentido el rol de los pasadores de libros, y ese es el objeto del último capítulo del libro. Cuando un joven proviene de un medio donde prevalece el miedo a los libros en particular, un mediador puede legitimar o develar un deseo de leer o de aprender, ya sea que se trate de un docente, de un bibliotecario, de un trabajador social o de un militante político o asociativo. Y otros mediadores podrán acompañar más adelante al lector, en diferentes momentos de su recorrido, en particular para ayudarlo a diversificar sus lecturas, a ampliar su universo cultural. El gusto por la lectura no puede surgir de una simple frecuentación material de los libros. La dimensión del encuentro, de los intercambios, de las palabras "verdaderas" se vuelve esencial, con más razón tratándose de jóvenes poco afirmados para aventurarse en la cultura letrada, a causa de su origen social.

Escuchándolos, vemos que no es la biblioteca o la escuela lo que hace surgir el gusto de leer, de aprender, de imaginar, de descubrir. Es un docente, un bibliotecario quien, a favor de su pasión y de su deseo de compartirla, transmite esa pasión en una relación singular. Eso no significa una relación regular, continua: a veces un encuentro fugaz puede influir en el destino. Eso no significa familiaridad: alejada de toda seducción, se trata de una actitud hecha de benevolencia y de distancia, de apertura a la singularidad de cada uno y de respeto de sus territorios íntimos, de inteligencia de su oficio y de gusto por los libros.

Eso no significa tampoco que el mediador haya leido un montón de libros, sino que haya experimentado por lo menos algunas veces el placer de leer y la importancia de simbolizar su experiencia.