Mostrando entradas con la etiqueta La Escuela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Escuela. Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de octubre de 2007

Comportamiento y la intervención del adulto



Las conductas y los comportamientos en los niños dependen de muchos factores que se interrelacionan constantemente y que a medida que las investigaciones sobre desarrollo avanzan nos ayudan a entender desde la teoría las diversas formas de actuar o comportarse de un niño o adolescente y eso nos permite dar orientaciones generales para que las familias o educadores puedan acercarse a esos comportamientos desde teorías explícitas (objetivas) y no implícitas (subjetivas) o lo que es lo mismo entender que el comportamiento depende también de la edad del niño y sus propias construcciones y no sólo de la educación externa.

Todos los comportamientos están mediatizados por una serie de variables multidimensionales, desde el contexto en el que ocurren las acciones hasta las personas que están implicadas en ese contexto y situación determinada pasando lógicamente por la biología y el desarrollo específico de una edad concreta. No es lo mismo tener una rabieta a los dos o tres años, que tenerla a los treinta, dicho de otra manera, es comprensible la de los dos años por etapa evolutiva y comprensible la de los treinta años si no es espectacular y agresiva, puesto que el adulto puede mostrar su enfado pero debe saber controlar sus emociones cuando no son satisfechas, a diferencia del niño que está aprendiendo y debemos enseñarle a controlarlas y expresar los enojos o enfados de forma asertiva, sin emplear ningún tipo de agresión y eso requiere tiempo, dedicación e información específica.
Comentemos brevemente qué sucede durante el primer año de vida, qué sucede con conductas evolutivas que terminan siendo molestas y a veces terminan produciendo rabietas, y las rabietas evolutivas pueden terminar en oposicionismo (negativismo) y terminar siendo un problema de conducta y comportamiento Primero recordemos también en pocas palabras el peso específico de la variable edad evolutiva ( neuro - evolutiva).

“El comportamiento de los niños en estas primeras etapas está más determinado por las características biológicas del niño que por el entorno, indudablemente un entorno determinado puede ayudar a que ciertas características del niño se disparen más o moderarlas, pero en las primeras etapas depende más del desarrollo individual y evolutivo que del propio entorno. Hay niños más tranquilos y niños más activos. Independientemente de las características individuales de los niños, existe el desarrollo evolutivo que es el que en principio va marcando la forma de comportarse. Durante el primer año de vida o antes de andar, el niño está descubriendo su propio cuerpo y el mundo exterior a través de los sentidos y construyéndolo.
Esto significa que durante el primera año de vida y principalmente a partir del segundo trimestre, el niño empieza a explorar los objetos llevándolos a la boca ya sean sus manos o bien alguno que tenga en su mano. Es adecuado chupar, por supuesto, es una conducta propia de la biología y que además le proporciona conocimiento. Es un buen comportamiento, lo extraño, lo sospechoso sería un niño que no se llevase los objetos a la boca.
Por lo tanto, llevarse los objetos a la boca es el comportamiento adecuado en estas etapas infantiles. Qué objetos se lleva a la boca es lo que debe controlar el adulto, no el niño. En nuestro caso que estamos trabajando con el niño, estamos en estimulación temprana, por lo tanto trabajando, lo importante es seleccionar aquellos objetos que pueden ser interesantes para lograr elaborar diversos esquemas de conocimientos a través de la boca, que es en este momento uno de los recursos evolutivo-natural del niño para conocer lo que le rodea y a sí mismo.


A partir del primer año de vida o cuando el niño ya anda o gatea y se desplaza por si mismo, el comportamiento evolutivo característico es tocar todo aquello que le interesa y tocarlo utilizando sus recursos, en estas edades las manos ya tienen un desarrollo bastante adecuado para movilizar, toscamente pero movilizar , todos sus dedos, especialmente el índice. Esto es lo que hace que el niño poco a poco vaya cogiendo todos los objetos que le gustan, si existen ranuras o agujeros intente explorarlos metiendo el índice en esos agujeros y finalmente se lleve a la boca aquello que le ha interesado.


Este comportamiento es el, llamémosle normal, de un niño de un año a dos años aproximadamente, lo que nos debe extrañar es un niño que a estas edades no toca nada o no lo intenta tocar. La función principal y obligatoria de los adultos, padres y educadores es enseñar poco a poco qué se puede y qué no se puede chupar, tocar, tirar etc. etc. El comportamiento de un niño debe ser querer hacerlo, el del adulto evitar que lo haga si no debe hacerlo. Eso es realmente educar, es ayudarle a conocer que pautas rigen en su entorno que debe ir aceptando poco a poco.
Lo más característico y duro para los padres y para los educadores o técnicos en estimulación en estas edades es, como ya hemos comentado, la edad de las rabietas. Un niño al que no se le permite tocar lo que el quiere tocar, se enfadará y según el momento se producirá una rabieta, eso es lo normal, ese es el comportamiento de un niño, el del adulto manejar y guiar al niño hacia otro tipo de respuesta a medida que crece y puede tenerla.” (Desarrollo social, Vidal, M.).

Las prohibiciones que se inician a partir del año, se inician, puesto que irán en aumento a medida que el niño crezca: no toques esto, no chupes eso, no tires aquello…, el caramelo para después de comer etc., son verdaderos estímulos para desencadenar rabietas o pataletas. Pensemos por un momento qué es lo que ocurre cuando un niño pequeño quiere hacer, comer o tocar algo y no le dejamos, pues se enfada y utiliza los recursos que conoce o mejor dicho, utiliza los únicos recursos que tiene al año y medio o dos años, gritar, dar golpes, tirarse al suelo… como forma de protesta. Es adecuado ese comportamiento: sí, para su edad sí, a los cuatro años, no. Dicho esto, lo que tenemos que pensar es que esa conducta es normal, y tener paciencia, además de seguir evitando que consiga aquello que no queremos que consiga, ceder a lo que el niño quiere es enseñar a tener rabietas.


El niño debe tener enfados y demostrarlos, eso es lo evolutivo, lo patológico sería lo contrario, un niño que no se enfada a los dos años, que no muestra su disgusto es un niño al que le sucede emocionalmente y cognitivamente algo.

Lo importante es entender que el comportamiento durante los tres primeros años de vida muestra conductas que nosotros consideramos inadecuadas, que no deben aprender y lo que debemos hacer es enseñarles poco a poco a expresar esas conductas negativas de forma pacífica, lleva su tiempo y mucha paciencia. Lo que no debemos es provocar sin querer una rabieta “no te voy a dar el caramelo pues ahora vas a comer” y cuando el niño se enfada entonces darle el caramelo, eso sí sería acostumbrarle o enseñarle a protestar para conseguir lo que quiere.

Las orientaciones generales para menores de tres años, decimos generales porque son las que ofrecemos cuando no conocemos al niño en concreto, que ayudan a tener menos rabietas son:

- Evitar situaciones que ya sabemos que producen rabietas. Por ejemplo si el niño tiene dos años y le gusta comer galletas y no es la hora de comer galletas pues no se las nombre ni se las enseñe, porque la conducta lógica del niño será pedir galletas, de nada suele servir decir “después te las doy”, si no podemos dárselas no las nombramos o no pasamos por un escaparate lleno de galletas y le decimos “mira cuantas pero no las puedes comer”. Se trata de evitar situaciones que ya conocemos y podemos evitar.
- Cuando no las podemos evitar pues ser contundentes, no dañar al niño, y con paciencia esperar a que se le pase el enfado. Por ejemplo si vamos por la calle y el niño va a comer, tiene hambre, y en ese momento pasa otro niño comiendo galletas o lo que sea, lo más probable es que quiera y si ya tiene un poco de lenguaje que las pida hablando. Si se las vamos a dar, pues no pasará nada, si no se le vamos a dar galletas entrará en rabieta. No podemos hacer nada, más que esperar a que se pase siempre vigilando y evitando que en el ataque de furia el niño se haga daño. A medida que van creciendo irán expresando sus enfados de otra manera si no les hemos consentido que lo expresen gritando.

Estas son algunas de las orientaciones generales que ofrecemos generalmente a los padres o tutores de los menores, ya que el comportamiento del niño y del adulto están interrelacionados, esto significa que el comportamiento se produce en contextos determinados y con personas determinadas, controlar las respuestas inadecuadas que sin querer podemos dar al niño es lo que puede ayudar a controlar la etapa de las rabietas infantiles.


viernes, 28 de septiembre de 2007

La Disciplina

El ayudar al niño a comportarse de una manera aceptable es una parte esencial de su crianza. La disciplina varía con la edad. No hay una manera correcta de criar a los niños, pero los psiquiatras de niños y adolescentes recomiendan las siguientes reglas:

Generalmente, los niños quieren complacer a sus padres. Los padres, si son sabios, integran este deseo de complacer a sus actividades disciplinarias.

Cuando los padres demuestran su alegría y aprobación por el comportamiento que les agrada, esto refuerza el buen comportamiento del niño. Cuando los padres demuestran su desaprobación al comportamiento peligroso o desagradable del niño pequeño, tienen mayor posibilidad de éxito cuando el niño sea mayor.

La forma en la que el padre corrige el mal comportamiento del niño o adolescente tiene que hacerle sentido al hijo. El padre no puede ser tan estricto, que el niño o el adolescente no sienta más adelante el amor y la buena intención del padre.

Los niños y adolescentes pueden hacer que sus padres se enojen. Los padres deben tener control de sí mismos cuando están enojados. Aunque un grito de "no" puede atraer la atención de un niño pequeño que está por cruzar la calle, puede conseguir intranquilizar al bebé que está llorando. Los niños mayores deben de saber lo que se espera de ellos. Los padres deben de ponerse de acuerdo y deben de explicarle claramente las reglas al niño o al adolescente.

En nuestra sociedad heterogénea, donde existen tantas culturas y maneras de criar los niños, cada familia espera un comportamiento diferente de sus hijos.

Se le puede permitir a un niño ir y venir cuando quiera, mientras que a otro se le pueden imponer horas fijas de regresar a la casa. Cuando los padres y los niños no están de acuerdo sobre las reglas, ambos deben de tener un intercambio de ideas que los ayude a conocerse. Sin embargo, los padres son los responsables de establecer las reglas y los valores de la familia.

Evitar que el comportamiento indeseable comience es más fácil que ponerle fin luego.

Es mejor colocar los objetos frágiles o valiosos fuera del alcance de los niños pequeños que el castigarlos por romperlos. Los padres deben estimular la curiosidad dirigiéndola hacia actividades tales como hacer rompecabezas, aprender a pintar o leer.

El cambiar el comportamiento apropiado del niño puede ayudarlo a obtener el dominio de sí mismo que necesita para que sea reponsable y considerado con otros.

El dominio de sí mismo o auto-control no ocurre automáticamente o de repente. Los niños pequeños necesitan que sus padres los guíen y apoyen para que comiencen el proceso de aprender a controlarse. El auto-control corrientemente comienza a los seis años. Cuando los padres guían el proceso, el auto-control aumenta durante los años escolares. Los adolescentes pueden todavía experimentar y rebelarse, pero la mayor parte de ellos pasa por este período y llega a ser un adulto responsable, especialmente si desde temprana edad han experimentado un buen entrenemiento.

Las familias transmiten sus métodos de disciplina y sus expectativas a los niños de generación en generación.

Cuando los intentos de disciplinar al niño no tienen éxito, puede ser beneficioso consultar con alguien fuera de la familia para que nos ofrezca sugerencias sobre la crianza del niño. Los profesionales especializados en el desarrollo y el comportamiento infantil pueden darle información acerca de la manera de pensar y de desarrollarse el niño. También pueden sugerir métodos para modificar el comportamiento; con la paciencia de los padres y la ayuda de los profesionales cuando sea necesaria, puede allanarse el camino para que los niños aprendan lo que la sociedad espera de ellos y lo que ellos pueden esperar de sí mismos.

La Mente Absorbente del Niño

La Mente Absorbente del Niño
según Montessori

preparado por la Dra. Marina Grau

Nosotros adquirimos los conocimientos con nuestra inteligencia mientras que el niño los absorbe con su vida psíquica. Simplemente viviendo el niño aprende a hablar el lenguaje de su raza. Es una especie de química mental que opera en él. A este tipo de mente le hemos llamado Mente Absorbente. Nos resulta difícil concebir la facultad de la mente infantil pero sin duda la suya es una forma de mente privilegiada.

El movimiento es otra de las conquistas maravillosas del niño. El recién nacido yace en su cama durante meses, pero transcurrido cierto tiempo camina, se mueve, goza, es feliz. El lenguaje penetra en su mente con toda su complejidad , así como el poder de dirigir sus movimientos según las necesidades de su vida. Aprende con sorprendente rapidez todo lo que se halla a su alrededor; costrumbres, religión, se fijan en su mente de forma estable. Por eso nuestros salones de clases tienen un ambiente especialmente preparado para que el niño asimile cualquier cultura difusa en el ambiente sin necesidad de enseñanza.

Nuestra obra de adultos no consiste en enseñar, sino en ayudar a la mente infantil en el trabajo de su desarrollo. La parte mas importante de la vida no es la que corresponde a los estudios universitarios, sino al primer período que se extiende desde el nacimiento hasta los seis años porque es en este período cuando se forma la inteligencia y el conjunto de las facultades psíquicas. Se recomienda que los niños entren a formar parte de nuestra educación Montessori a los 2 años para que adquieran la adaptación a la escuela en uno de nuestros salones de Nursery antes de empezar el programa Montessori que comienza a los 3 años y así poder beneficiarse plenamente del primer ciclo Montessori. A los 3 años de edad ya la mente esta preparada para asimilar los conocimientos dados en el ambiente escolar.

La mente absorbente es desde cero hasta los seis años. Este período tiene dos subfases distintas: desde cero a tres años muestra un tipo de mentalidad a la cual el adulto tiene difícil acceso y de hecho no existen escuelas para estos niños; ellos no recuerdan las cosas de este período pero si pasan al Mneme o sea la memoria inconsciente. La otra subfase : desde los tres hasta los seis años, en la cual el tipo de mente es el mismo, pero el niño empieza a ser particularmente influible. Este período se caracteriza por las grandes transformaciones que se suceden en el individuo. Para convencerse de ello basta pensar en la diferencia que existe entre el recién nacido y el niño de seis años. De los tres a los seis años el niño tiene mente absorbente consciente, o sea que recuerda las cosas de este período y es lo bastante inteligente para ser admitido en la escuela. La pérdida de este período es irreparable.

La idea fundamental del enfoque Montessori hacia la educación es que cada niño lleva dentro de si las potencialidades del hombre que un día sera. De forma que pueda desarrollar al máximo sus capacidades físicas, emocionales, intelectuales y espirituales. El debe tener libertad, una libertad que se logra a través de la auto-disciplina y el orden.

Los niños Montessori trabajan tres niveles juntos en un salon de clases, o sea de 3 a 6 años, lo que vendría correspondiendo a maternal, kindergarten y pre-primero y así sucesivamente. Esto de mezclar los niños puede parecer raro a quienes no tengan pleno dominio del sistema, pero lo cierto es que todas las escuelas Montessori del mundo, con profesores Montessori graduados, tienen los niños mezclados así, pues el método lo exige; de lo contrario no podría decirse que se trata de una escuela Montessori genuina. Al respecto la Doctora Montessori dice que en esta forma el niño pequeño aprende del mas grande y el más grande repasa las clases para su mejor preparación. Además el orden de sucesión en dificultad del material didáctico va aumentando y de ahí el niño va adquiriendo sus conocimientos conjuntamente con el ambiente preparado del salón de clases que es una de las cosas primordiales en la educación Montessori. Así, tiene el niño la oportunidad de aprender sin inhibiciones ni restricciones, pues el material está expuesto en los gabinetes para ser elegido por los niños.

Esperamos que este artículo igual que los anteriores que he aportado para una mayor comprensión del método, sirvan de algo, pues lo he hecho con la mejor intención, dedicado a los padres de familia y personas dedicadas a la educación, quienes nos preguntan sobre el método Montessori.

Los helogios


El niño debe desarrollar un sentido interno de confianza y valorarse como persona.

Al elogiar su conducta, usted lo ayuda a reconocer lo valioso e importante que es por el simple hecho de ser él mismo. El elogio es una herramienta muy efectiva para motivar y crear un profundo sentido de autoestima, la cual es la cualidad más importante y delicada que un ser humano pueda poseer.

Una manera fabulosa de aumentar la autoestima de su hijo es mediante el sueño. Ante todo, se debe establecer una hora formal de ir a la cama, un momento en el cual el nivel de energía y los niveles de resistencia se reduzcan y lleguen a la calma. La hora de dormir es probablemente la más importante del día de su niño. Puede comenzar con un baño como inicio del ritual. Después vendría la hora del cuento en la que el niño le lee una historia (si el niño es muy pequeño, le puede contar una historia por él inventada utilizando un libro como guía), luego usted puede leerle un cuento.

Es importante familiarizar al niño con la lectura lo más pronto posible puesto que la lectura y la autoestima van de la mano. La lectura es una ventaja vital y esencial para el bienestar psicológico de su hijo y para que este pueda desarrollar un concepto de su propio ser. Quizás, cuando los dos hayan leído, puedan tenderse en la cama abrazándose y acariciándose y puedan hablar de las cosas que pasaron en el día, bríndele seguridad, cántele canciones, métalo en la cama con muchos besos y abrazos. Después de unos 10-15 minutos de que se haya quedado dormido, regrese a él y siéntese a su lado. Susurre al oído mensajes tranquilizantes. Por ejemplo, "Pedro, aquí esta mami.

Quiero que sepas lo mucho que te quiero, eres un niño bueno y feliz. Me haces sentir muy contenta cuando te comes toda la comida, no peleas con tu hermana yverte reír..." Para este momento ya él habrá absorbido el mensaje, esto lo ayudará a dormir tranquilamente. La comunicación puede aumentar en gran medida la autoestima de su hijo. Elógielo por sus logros o simplemente por ser él mismo.

El elogio enseña a su hijo a ser positivo y a centrarse en lo bueno de su vida.

martes, 11 de septiembre de 2007

Los niños que se niegan a ir a la Escuela


El asistir a la escuela usualmente es un evento agradable para los niños pequeños. Para algunos esto conlleva miedo o pánico. Los padres tienen motivo de preocupación cuando el niño se enferma debido a la tensión, "finge estar enfermo" o exagera síntomas físicos para quedarse en la casa y no ir a la escuela.

A menudo, el niño de entre cinco y diez años de edad que se comporta de esta manera está padeciendo un temor paralizante por tener que dejar la seguridad de la familia y de la casa. Es muy difícil para los padres hacerle frente a este pánico infantil, pero estos temores pueden tratarse exitosamente con ayuda profesional.

Este miedo irracional suele aparecer por vez primera en niños que asisten a escuelas para niños de edad pre-escolar, a "kindergarten" o a primer grado, siendo más frecuente en los niños que cursan el segundo grado. El niño por lo general se queja de dolores de cabeza, de garganta o de estómago justo antes de la hora de irse a la escuela. La "enfermedad" se mejora cuando se le permite quedarse en la casa, pero reaparece a la mañana siguiente antes de ir a la escuela. En algunos casos, el niño se niega por completo a salir de la casa.

El negarse a ir a la escuela aparece generalmente después de un período en el que el niño ha estado en la casa en compañía de su mamá, por ejemplo, después de las vacaciones de verano, de los días de fiesta, o después de una breve enfermedad. Puede pasar después de un evento que le produce estrés, tal como la muerte de un familiar o de una mascota, un cambio de escuela o una mudanza a un vecindario nuevo.

Los niños que tienen un miedo irracional de la escuela pueden sentirse inseguros si se quedan solos en un cuarto y pueden demostrar un comportamiento de apegamiento hacia sus padres, e inclusive se convierten en la sombra de sus padres en la casa. Estos miedos son comunes en niños con el Desorden de Ansiedad. Los niños tienen dificultad para dormir, un miedo exagerado y un temor irreal hacia los animales, monstruos, ladrones o a la oscuridad.

Los efectos potenciales a largo plazo pueden ser muy serios para un niño con miedos persistentes si no recibe atención profesional. El niño puede desarollar serios problemas escolares y sociales si deja de ir a la escuela y de ver a sus amigos por mucho tiempo.

Los padres y el niño se pueden beneficiar llevando al niño a un psiquiatra de niños y adolescentes, quien trabajará con ellos en su esfuerzo de hacer regresar al niño de inmediato a la escuela y a otras actividades diarias. Como el pánico surge al dejar la casa, y no por estar en la escuela, el niño por lo general está tranquilo una vez que está en la escuela.

Para algunos niños se requiere un tratamiento extensivo para tratar las causas del miedo. Los niños mayores o los adolecentes que se niegan a ir a la escuela padecen por lo general de una enfermedad más grave y a menudo requieren más tratamiento intensivo.

En cualquier caso, el miedo irracional de dejar la casa y a los padres se puede tratar con éxito, y los padres no deben de tardar en buscar ayuda profesional. El médico del niño puede referir los padres a un psiquiatra de niños y adolescentes.

Fuente:American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (AACAP).